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Existe una ciudad en Suiza donde la gente con cáncer toma LSD para sobrellevar el lastre emocional de su enfermedad.

Peter Gasser cursó estudios enpsicoterapia asistida con psicodélicos a principios de los 90, cuando este tipo de terapia todavía era legal en Suiza. Conoció a Rick Doblin, el fundador de la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos en 2006, durante una conferencia sobre LSD en Basilea, donde charlaron sobre la puesta en marcha de un ensayo clínico con LSD. Las investigaciones con MDMA (éxtasis) y psilocibina (el ingrediente activo en las setas alucinógenas) habían proliferado lentamente, pero trabajar con LSD era "de algún modo, la cosa más difícil, debido a la tremenda carga política que arrastra la sustancia", cuenta Gasser. Sin embargo, un año más tarde, el gobierno suizo le concedía la aprobación necesaria para llevar a cabo el primer ensayo clínico con LSD en 40 años.

Me encuentro con Gasser en su consulta, junto a la estación de Solothurn, cerca de Zurich, un año después de la publicación de su estudio. Es aquí donde Gasser trató, mediante psicoterapia asistida con LSD, los trastornos de ansiedad de 12 pacientes con enfermedades potencialmente mortales. La razón para escoger un grupo así fue, en parte, histórica: el último ensayo clínico con LSD también se había realizado con enfermos de cáncer. Además, asegura, el tratamiento podría ser especialmente beneficioso para los pacientes con menor esperanza de vida. "Esto no implica necesariamente que esta sea una terapia más rápida que el resto, pero sí puedo decir que se abordan las cuestiones más elementales en poco tiempo".

Gasser asegura que las experiencias espirituales inducidas por el LSD pueden ser enormemente útiles para los pacientes. "Si uno es verdaderamente capaz de integrar experiencias espirituales del tipo 'me siento parte de un todo, me siento conectado a los demás, me siento conectado con la naturaleza y el resto de la creación', esta clase de percepción podría resultar muy relajante. Sobre todo cuando trabajas con gente que se acerca al final de su vida. Cuando se padece una enfermedad grave la dimensión espiritual es muy importante, es entonces cuando te planteas preguntas como: ¿Qué será de mí? ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Qué viene después de la muerte?'"

Ocho de sus pacientes recibieron una dosis alta, de 200 microgramos de LSD, mientras que los cuatro restantes recibieron una dosis baja, de 20 microgramos. La utilización de un placebo inactivo habría sido evidente tanto para pacientes como para investigadores, así que la dosis baja se usó a modo de contraste, responsable de "efectos lisérgicos breves, suaves y detectables, pero sin facilitar sustancialmente ningún proceso terapéutico".

Después de dos sesiones y dos meses de seguimiento, los pacientes receptores de las dosis más altas mostraban niveles mucho más bajos de ansiedad, y atribuían su éxito a la terapia. "Decían cosas como: 'Me siento más relajado", cuenta Gasser. "'Tengo menos miedo a la muerte'. Y también: 'Volvería a hacerlo y se lo recomendaría a mis amigos". Aquellos que, un año más tarde, aún seguían con vida, todavía mostraban beneficios tangibles.

"Algunos me contaron: "He comprendido que soy más que la ansiedad, que soy más que el cáncer. Soy algo más que problemas; de alguna forma mi vida es más que todo eso". Poco importa si esto nos parece espiritual o no. El caso es que ellos aseguran sentirse más relajados, más centrados en lo que desean o no hacer, con quién desean o no pasar su tiempo. De algún modo, a pesar del cáncer y de la cercanía de la muerte, son más conscientes de su vida y de la riqueza de esta, por breve que sea.

Gasser trataba de ofrecer un entorno tranquilo y meditativo en las sesiones con LSD, que duraban cerca de ocho horas. Pero una de las sesiones no funcionó según lo esperado: "Llegaba mucho ruido de la calle. Había un edificio en construcción y escuchamos, todo el día, el ruido de los martillos neumáticos. Pensé que sería difícil; ¡que sería un desastre! El pobre hombre embarcado en su experiencia lisérgica y los martillos neumáticos repiqueteando en la calle. Al día siguiente me dijo: '¡Fue tan fantástico! El martillo era tan fuerte que sentí su fuerza sumergirse en la tierra'. Se identificó enormemente con aquella fuerza y no le molestó en absoluto. Así que el angustiado fui yo y no él. Lo que viene a mostrar que muchas cosas adquieren sentido cuando somos capaces de integrarlas, pero que pueden resultar de lo más perturbador si no lo conseguimos".

Desde entonces las autoridades suizas han aceptado considerar las solicitudes de Gasser para el "uso compasivo" de LSD en su consulta. Hasta ahora, se le ha permitido su uso en siete casos, durante un año y con posibilidad de prórroga. "Es demasiado pronto para hablar de resultados, pero por el momento todo parece ir bien".

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